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El Cráneo 6 de la Sima de los Huesos pertenece a uno de los cuatro individuos inmaduros estudiados para establecer su crecimiento óseoEl Cráneo 6 de la Sima de los Huesos pertenece a uno de los cuatro individuos inmaduros estudiados para establecer su crecimiento óseo (Javier Trueba/Madrid Scientific Films)

El peculiar rostro del Homo sapiens

Cuando se comparan los huesos de la cara de nuestra especie con los de los neandertales llama la atención el pequeño tamaño y la peculiar morfología de nuestro esqueleto facial. En los neandertales, la zona que se extiende bajo las cuencas oculares y a los lados de la nariz muestra una superficie lisa y continua mientras que en nuestra especie esa región es marcadamente cóncava: determinar los procesos causantes de esta diferencia y establecer cuándo apareció la característica morfología del Homo sapiens constituían dos problemas no resueltos en los estudios de evolución humana. Los resultados de una reciente investigación aparecida en la revista Nature Communications ofrecen una interesante información sobre esta cuestión. El estudio ha sido encabezado por el científico del New York University College of Dentistry, Rodrigo Lacruz, y en él han participado varios miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA). En la investigación se han aplicado modernas técnicas de microscopía electrónica de barrido y microscopía confocal a dos ejemplares neandertales y a otros cuatro procedentes del yacimiento de la Sima de los Huesos, todos ellos inmaduros, para identificar los principales mecanismos del crecimiento óseo facial durante el desarrollo del esqueleto. Los resultados han mostrado que los procesos de crecimiento óseo en la cara fueron muy similares en los neandertales y en los individuos de la Sima (en ambos predomina la deposición de hueso), y diferentes de los que ocurren en nuestra especie (en que es importante la reabsorción ósea en la región bajo las órbitas y alrededor de la abertura nasal). Esta es la primera vez que ha sido posible comparar los procesos de crecimiento facial de Homo sapiens con los de otras especies humanas, lo que nos ayuda a entender un aspecto de gran interés en la evolución humana: el origen de la singular morfología de nuestra faz.

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