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Josep María Vergès en la cueva de los Galls Carboners, una cavidad sepulcral situada en Mont-ral, una localidad de las Montañas de Prades, cerca de Tarragona. Josep María Vergès en la cueva de los Galls Carboners, una cavidad sepulcral situada en Mont-ral, una localidad de las Montañas de Prades, cerca de Tarragona. (Jordi Mestre/IPHES)
Cueva de El Mirador: corte estratigráfico de los niveles neolíticos relacionados con la actividad ganadera donde se pueden observar los lentejones de ceniza derivados de la quema del estiércolCueva de El Mirador: corte estratigráfico de los niveles neolíticos relacionados con la actividad ganadera donde se pueden observar los lentejones de ceniza derivados de la quema del estiércol (Josep María Vergès/IPHES)

Rebaños, estiércol y pastores: escenas de los tiempos en que las cuevas ardían

Josep María Vergès/IPHES

Diciembre 2016

La conferencia, impartida en Burgos el pasado 7 de julio con el título “Rebaños, estiércol y pastores: escenas de los tiempos en que las cuevas ardían”, versó sobre los estudios que se están llevando a cabo en un tipo de depósitos sedimentarios muy característicos: el de las cuevas-redil prehistóricas. Este tipo de cavidades servían de residencia a grupos de pastores-agricultores que, además de habitarlas y desarrollar en ellas una gran diversidad de actividades domésticas, algunas relacionadas con la transformación de productos agrícolas, las utilizaban para guardar el ganado durante la noche. En tiempos prehistóricos, salvo excepciones -como las de los animales en avanzado estado de gestación, los lactantes y sus madres, o el conjunto del rebaño en jornadas de clima adverso- lo habitual era que el ganado pastara en el campo durante las horas diurnas. En este tipo de asentamientos, una tasa de acumulación muy elevada, generada por las deposiciones del ganado, unida a la práctica recurrente de amontonar y quemar el estiércol, con el objetivo de reducir el volumen de residuos y eliminar parásitos, dio lugar a la creación de depósitos sedimentarios de gran potencia, caracterizados por la alternancia de niveles de estiércol no quemado y de lentejones formados por variopintas capas de ceniza. Estos depósitos constituyen una fuente de información de alta calidad y elevada resolución temporal, para conocer los detalles de la expansión y del desarrollo de las economías productoras prehistóricas, agrícolas y ganaderas,  a través del Mediterráneo, desde su zona de origen en Oriente Próximo hasta la península ibérica.

La cueva de El Mirador, situada en el extremo meridional de la sierra de Atapuerca, fue el yacimiento escogido para ilustrar este tipo de depósitos. Ésta, junto a la de Portalón, en Cueva Mayor, es una de las más importantes cuevas redil conocidas en el Mediterráneo occidental. En El Mirador, los niveles generados por la actividad ganadera alcanzan los seis metros de potencia: dos correspondientes a la edad del Bronce y cuatro al Neolítico. En el lapso de tiempo entre estas dos fases de uso de la cavidad como cueva-redil se documenta el uso de la misma como espacio sepulcral.

Para finalizar se expusieron los resultados del programa de arqueología experimental que el IPHES está desarrollando desde 2014 en el corral del Mas del Pepet, sito en el Paraje Natural de Interés Nacional de Poblet, en las tarraconenses Montañas de Prades. Este ambicioso proyecto de arqueología experimental incluye, entre otros aspectos, el estudio del contenido botánico del estiércol en relación a la vegetación existente en las zonas de pasto, la tasa de acumulación del estiércol en relación al número de  cabezas, la superficie del redil y el tiempo de permanencia en él, así como el estudio del proceso de quema del estiércol (temperaturas alcanzadas, reducción de volumen, afectación sobre el registro arqueológico, etc.). El objetivo es generar información de referencia para el estudio de este tipo de yacimientos, tan abundantes y valiosos como complejos, tanto a nivel de excavación como de investigación.

Resumen de la conferencia impartida por el investigador Josep María Vergès, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), el pasado 7 julio en el auditorio de la Residencia Gil de Siloé de Burgos, en el marco del ciclo de conferencias “40 años del descubrimiento de la mandíbula de la Sima de los Huesos”, organizado por la Dirección General del Instituto de la Juventud de Castilla y León, en colaboración con la Fundación Atapuerca. Este ciclo se realizó, por tercer año consecutivo, coincidiendo con la presencia del Equipo de Investigación de Atapuerca en la ciudad de Burgos, con ocasión de la campaña de excavaciones de los yacimientos de la sierra de Atapuerca.

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