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 Esqueleto del niño neandertal hallado en la cueva asturiana de El Sidrón Esqueleto del niño neandertal hallado en la cueva asturiana de El Sidrón (MNCN / CSIC)
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Así se desarrollaba un niño neandertal

?Octubre

Los restos fósiles de un niño neandertal de hace 49 mil años descubiertos en la cueva de El Sidrón (Asturias), permiten descifrar, por primera vez, cómo se desarrollaban anatómicamente los individuos jóvenes de esta especie.

El estudio ha sido elaborado por un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha analizado el esqueleto del niño neandertal de casi ocho años de edad, identificado como El Sidrón J1. Del individuo se han recuperado 138 restos de los que 30 son dientes (algunos de leche) y parte del esqueleto, incluidos fragmentos de cráneo, que se obtuvieron en esta cueva entre los años 2010 y 2012.

En este trabajo, los investigadores compararon las características de maduración del individuo El Sidrón J1 con las de 11 humanos modernos de su misma edad, y descubrieron que su esqueleto, dentición y tamaño se encontraban dentro de los mismos parámetros. Es decir, el ritmo de desarrollo de un niño neandertal parecía similar al de un niño Homo sapiens. Posiblemente, este modelo fuera heredado de un último antepasado común a las dos especies, quizás Homo antecessor, según ha apuntado Antonio Rosas, paleoantropólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN/CSIC) y autor principal del estudio. No obstante, se encontraron dos importantes diferencias. Una es el estado de maduración de las vértebras, más parecidas a las de un individuo de cinco o seis años, y la otra la del cerebro. Mientras que el cerebro de los niños actuales de la misma edad ya ha alcanzado el tamaño adulto, el de J1 todavía estaba creciendo. Es decir, el periodo de crecimiento del cerebro de un neandertal era más largo que el nuestro. Los científicos creen que la explicación de ese desarrollo más lento radica en que los neandertales tenían una capacidad craneal mayor que la nuestra y por ello necesitaban más tiempo para su desarrollo. Los resultados de esta investigación se han publicado en la revista científica Science.

Además, el estudio ha permitido inferir que cuando este individuo murió pesaba 26 kilos y medía 111 centímetros. El motivo de su muerte se desconoce, pero las marcas que se han encontrado confirman que sufrió canibalismo, una práctica habitual entre los neandertales de El Sidrón. Gracias al análisis de sus dientes, los investigadores apuntan a que se trata de un varón, que era diestro y que realizaba labores de adulto, como usar la boca como tercera mano para sujetar pieles y fibras vegetales. Los investigadores también concluyen en este estudio que cuando el niño tenía dos o tres años sufrió una hipoplasia (manchas blancas en el esmalte), que se produce cuando los dientes tienen menos cantidad de esmalte de lo normal, probablemente producida por una enfermedad o por malnutrición. J1 fue localizado en la cueva junto a los restos de otros 12 individuos, incluida su madre y un hermano menor, datos que se conocen gracias al estudio del ADN.

Los fósiles hallados en la cueva de El Sidrón representan la colección más completa de restos de neandertales de la península. El análisis de estos restos ha permitido conocer cómo eran y cómo vivían estas comunidades. Por ejemplo, sabemos que practicaban canibalismo, que se medicaban y que conocían las cualidades curativas de algunas plantas.

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