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Imagen de parte de los restos óseos humanos hallados a lo largo de estos veinte años en el nivel TD6 de Gran Dolina.Imagen de parte de los restos óseos humanos hallados a lo largo de estos veinte años en el nivel TD6 de Gran Dolina. (José María Bermúdez de Castro)

Vigésimo aniversario de Homo antecessor

Agosto 2017

Se han cumplido veinte años desde la publicación de la especie Homo antecessor en la revista Science. Con motivo de este aniversario, hemos publicado un artículo científico en la revista Evolutionary Anthropology, cuya portada lleva una imagen de las excavaciones en el yacimiento de la cueva de la Gran Dolina.

Durante estos veinte años no solo se han obtenido más restos de esta especie en el nivel TD6 de Gran Dolina, sino que se han publicado un cierto número de artículos de diferentes partes anatómicas del esqueleto. Además, los fósiles formaron parte de la muestra de estudio nada menos que de siete tesis doctorales, estando otras tres a punto de finalizar. Es evidente que hemos aprendido mucho sobre Homo antecessor. Los próximos hallazgos, que se avecinan en pocos años, serán un buen test para contrastar las hipótesis que se han ido construyendo durante estas dos décadas.

Además de nombrar y diagnosticar la especie, en 1997 propusimos que Homo antecessor podía ser el ancestro común de los neandertales (Homo neanderthalensis) y de las poblaciones modernas (Homo sapiens). Este ancestro común comenzó a buscarse cuando los expertos se dieron cuenta de que la especie Homo erectus estaba demasiado especializada y pudo extinguirse sin descendencia.

Se buscó entonces en el baúl de los recuerdos y se encontró una especie, llena de polvo, casi olvidada. En 1908, Otto Schoetensack había nombrado la especie Homo heildelbergensis para denominar una mandíbula datada en unos 600 mil años, hallada en los arenales del río Neckar, cerca de la ciudad alemana de Heidelberg. Y ese fue el nombre de la especie elegida. Todo esto sucedía a finales de la década de los años ochenta. Así que nuestra propuesta, basada en la presencia de la cara moderna del llamado Chico de la Gran Dolina, no tuvo mucho éxito. Había que luchar contra la ciencia oficial establecida y no era sencillo. Casi arrojamos la toalla.

Pero los fósiles humanos siguieron saliendo del nivel TD6 y nos dieron más claves para el diagnóstico de la especie. El artículo publicado esta semana resume los 46 caracteres anatómicos identificados en los fragmentos fósiles obtenidos hasta la fecha. Un 41% de esos caracteres son primitivos y compartidos con especies tan arcaicas como Homo habilis. Pero los demás caracteres ya se habían modificado hacia formas más evolucionadas. Un 13% de los caracteres están hoy en día presentes en nuestra especie, mientras que casi un 22% pueden encontrarse también en los neandertales. Es obvio que los neandertales heredaron esos caracteres de Homo antecessor.

¿Cómo explicar la presencia de caracteres “sapiens” y “neanderthalensis” en los humanos de Gran Dolina? Solo hay dos posibilidades: 1- Las tres especies tienen un ancestro común, por supuesto anterior a Homo antecessor (más de 800 mil años); y 2- Homo antecessor es ciertamente el ancestro común de los neandertales y de los humanos modernos, como propusimos en 1997. Los datos aportados por la paleogenética retrasan cada vez más la separación de las dos especies, por lo que la hipótesis formulada hace ahora 20 años vuelve a estar otra vez sobre la mesa.

José María Bermúdez de Castro

Artículo publicado en el Diario de Burgos el 17 de agosto de 2017.

El artículo, firmado por el autor de estas líneas, y por María Martinón-Torres, Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell, se puede descargar libremente de la revista Evolutionary Anthropology.

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