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Excavaciones en tiempos de la COVID-19


El Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) lo integran más de 200 personas especializadas en más de una veintena de disciplinas diferentes, como arqueología, biología, paleontología, palinología, climatología, medicina, geología, antropología, conservación del patrimonio, etc. Este gran equipo, a pesar de la situación epidémica motivada por la COVID-19, ha participado en la mayoría de excavaciones en las que habitualmente trabaja cada verano. A continuación detallamos algunas de ellas:

Prado Vargas (Cornejo, Merindad de Sotoscueva)

Equipo de Investigación de Prado Vargas

Del 1 al 24 de agosto se desarrolló la quinta campaña de excavación en la cueva de Prado Vargas (Cornejo, Merindad de Sotoscueva, Burgos). El equipo codirigido por Marta Navazo (Universidad de Burgos, UBU), Rodrigo Alonso (Museo de la Evolución Humana, MEH) y Alfonso Benito (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, CENIEH), explica que esta ha sido la campaña más rica en número de hallazgos desde que se retomaran los trabajos de campo en el año 2016. La excavación en el nivel 4 con más de 80 metros cuadrados en el yacimiento situado en Ojo Guareña ha aportado nuevos datos sobre las actividades que los neandertales realizaron en esta cueva del norte de la provincia de Burgos.

Entre los huesos y dientes recuperados se han identificado principalmente restos de ciervo y caballo, junto a otras especies como el rebeco, corzo, oso, bisonte, león y jabalí, entre otros. Los huesos han aparecido muy fragmentados, destacando la presencia de huesos largos como húmeros, metatarsos y tibias, los cuales presentan numerosas marcas de corte. Esta fragmentación y selección anatómica indica que los grupos neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaron para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos para poder obtener y consumir su médula.

Junto a los fósiles de animales también se han descubierto más de un millar de herramientas de piedra entre las que destacan varias raederas, denticulados y perforadores. La mayoría fueron fabricadas a partir de nódulos de sílex localizados en las inmediaciones de la cavidad. Sin embargo, también se han documentado una docena de herramientas de cuarcita cuya procedencia es algo más lejana, y que demuestra que una vez los neandertales se asentaron hace 46.000 años en Prado Vargas desarrollaron un control territorial que les permitió gestionar todos los recursos existentes en un área superior a los 300 kilómetros cuadrados.

Las excavaciones e investigaciones en Cueva Prado Vargas han sido financiadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León y la Fundación Palarq. Además, han contado con la colaboración del Ayuntamiento de la Merindad de Sotoscueva, la Junta Vecinal de Cornejo, las asociaciones Escuela de Cornejo y Nabo-Qui de Quisicedo y las empresas Galletas Flor Burgalesa y Grupo Mahou-San Miguel.

Los investigadores han trabajado en una superficie de 80 metros cuadrados durante 24 días. Foto: Equipo de Investigación de Prado Vargas

Tamajón (Guadalajara)

Nohemi Sala y Adrián Pablos / CENIEH

El año 2020 será recordado por la situación producida por la pandemia de la Covid-19. Muchas excavaciones han sido canceladas o pospuestas y las pocas que se han desarrollado han estado marcadas por las exigentes medidas de seguridad, higiene, distanciamiento entre las personas participantes y reducción de personal. Este es el caso de la del Abrigo de la Malia y la Cueva de los Torrejones, encuadrada en los yacimientos del karst de Tamajón (Guadalajara). Entre el 4 al 11 de septiembre de 2020 se ha llevado a cabo una nueva campaña cuyo objetivo es averiguar las formas de vida de las poblaciones paleolíticas del centro peninsular en los albores del Paleolítico superior, conocer los ecosistemas y el clima existente en periodos críticos del Pleistoceno superior y aportar nuevos datos que permitan conocer las dinámicas del poblamiento del interior peninsular en la Prehistoria.

Dentro del mismo proyecto de investigación, recientemente se ha publicado en la revista científica Radiocarbon la cronología de un resto humano (un navicular, un hueso ubicado en el tobillo) recuperado en la Cueva de los Torrejones en la década de los años 90, que tradicionalmente ha sido considerado un humano de cronología paleolítica por su contexto estratigráfico. La datación directa por radiocarbono (conocido como Carbono 14), ha arrojado una edad de 5.000 años de antigüedad, es decir, correspondiente al periodo Calcolítico. Esto descarta que esta pieza perteneciese a un humano del Paleolítico, pero permite constatar la presencia humana de grupos agricultores y ganaderos en la Cueva de los Torrejones en este periodo de la Prehistoria reciente.

El proyecto de investigación de los yacimientos del karst de Tamajón está liderado por los miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) Adrián Pablos y Nohemi Sala y se nutre del apoyo logístico y económico del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y del proyecto Europeo Multipaleoiberia. Asimismo, el equipo de investigación de este proyecto está formado fundamentalmente por miembros del EIA.

Referencia artículo: Pablos, et al., 2020. Direct dating of the human navicular from the Cueva de los Torrejones (Guadalajara, Spain). Radiocarbon. DOI: https://doi.org/10.1017/RDC.2020.92

Vista general del Abrigo de la Malia (Tamajón, Guadalajara). Foto: Nohemi Sala

Valle de los neandertales en Pinilla del Valle (Madrid)

Equipo de Investigación de Pinilla del Valle

Desde el día 15 de agosto y hasta el 15 de septiembre se ha desarrollado la campaña de excavación en los yacimientos paleolíticos del Calvero de la Higuera, en Pinilla del Valle (Madrid). Dicha intervención, como en años anteriores, ha estado dirigida por Enrique Baquedano (Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, MAR, e Instituto de Evolución de África, IDEA), Juan Luis Arsuaga (Centro Mixto entre la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Salud Carlos III y Museo de la Evolución Humana) y el geólogo Alfredo Pérez-González.

Este año, dadas las restricciones impuestas por la situación de la Covid-19, el número de participantes en las excavaciones es menor. Se siguen todas las recomendaciones de seguridad marcadas por las autoridades tanto en el campo como en el alojamiento y los laboratorios. Además, solo se trabaja en dos de los yacimientos: el Abrigo de Navalmaíllo y la Cueva Des-Cubierta, dejando cerrada hasta el año que viene la Cueva de la Buena Pinta.

Ante esta circunstancia se ha aprovechado para trabajar en aspectos relacionados con la geología de los yacimientos, así como en la toma de muestras.

Por otro lado, desde el punto de vista arqueológico, se ha avanzado de manera significativa en la excavación de los niveles superiores del sector sur del Abrigo de Navalmaíllo, lo que permitirá doblar en las próximas campañas la superficie de excavación del principal nivel de ocupación del abrigo. En la Cueva Des-Cubierta se ha continuado excavando los restos de la ocupación principal del yacimiento.

Vista de la excavación en la Cueva Des-Cubierta. Foto: Javier Trueba

Covaneria (Ojo Guareña, Burgos)

Ana Isabel Ortega / Investigadora posdoctoral CENIEH-Fundación Atapuerca

Covaneria (Cornejo, Merindad de Sotoscueva, Burgos) forma parte del Complejo Kárstico de Ojo Guareña, aunque no conecta con su red principal debido a la colmatación total de sedimentos de su tramo final. Su dolina de entrada posee una doble arcada natural que le confiere una singular belleza. La bóveda de su galería principal presenta varias aberturas por las que los rayos solares iluminan el fondo de la cavidad. En la misma dolina se abre una pequeña lateral elevada, utilizada como galería sepulcral. Fue descubierta por el Grupo Espeleológico Edelweiss y publicada en 1986 en su primera monografía sobre Ojo Guareña.

Tras el expolio observado en 2017 y la recuperación de los abundantes restos humanos esparcidos por el suelo, la Junta de Castilla y León ha promovido las excavaciones de estos tres últimos años a través de la Fundación Atapuerca.

Las dos primeras campañas evidenciaron la importancia funeraria de este enclave, con la deposición de unos 19 cuerpos desarticulados, especialmente niños de hasta 12 años, incluidos restos de neonatos, junto algunos jóvenes y adultos. Los restos aparecen entre abundantes fragmentos de cerámicas lisas, cuyo conjunto ha sido datado en hace unos 3.500 años, en plena Edad del Bronce.

La campaña de 2020, desarrollada entre el 20 y 28 de agosto, permitió confirmar cierta complejidad estratigráfica, relacionada con el sector profundo, ya atisbada en 2019. Se ha identificado un nivel inferior, compuesto por restos humanos, también desarticulados, con predominio de individuos adultos, restos de fauna y algunas cerámicas. La datación de este nivel muestra que su uso ritual se remonta, al menos, al Calcolítico, hace unos 4.500 años, lo que abre nuevas perspectivas al estudio sobre la continuidad de los rituales funerarios en Covaneria y, por extensión, en todo Ojo Guareña.

Los trabajos han sido dirigidos por la investigadora del Equipo de Investigación de Atapuerca Ana Isabel Ortega y han participado los antropólogos y arqueólogos Antonio Molina, Elena Sánchez y Andrés García, así como Miguel Ángel Martín, del Grupo Espeleológico Edelweiss.

Parte del equipo que ha excavado en el yacimiento de Covaneria. Foto: Miguel Ángel Martín Merino

Abric Romaní (Capellades, Barcelona)

Palmira Saladié, Josep Vallverdú y Gema Chacón / IPHES

Este año la campaña llevada a cabo en el yacimiento del Abric Romaní ha estado condicionada, como la mayor parte de cosas que se están viviendo, por la pandemia de la Covid-19. El equipo formado normalmente por unas 30 personas se ha visto reducido a 15. A pesar de las evidentes limitaciones, los resultados han sido muy positivos. Se ha dejado en superficie el techo del nivel Ra. Se trata de una zona muy interesante en el que se están documentando abundantes negativos de madera, generados gracias al elevado volumen de carbonato cálcico en el agua del lugar, que se depositó sobre las maderas durante la formación del nivel, creando una costra de cal que preserva la forma de los objetos aun cuando estos se hayan podrido y desaparecido. También han quedado preservados unos 12 hogares de diferentes tamaños. En el nivel hay abundante industria lítica, principalmente en sílex, caliza y cuarzo. Destaca la presencia de tres cráneos de ciervo con las astas ancladas. De los análisis de campo se desprende que los ciervos comunes son el único taxón en este conjunto, lo que sugiere que posiblemente nos encontremos ante un campamento de neandertales dedicado a la caza de ciervos durante el otoño o el invierno.

Nivel Ra del Abric Romaní con restos de ciervo, negativos de madera e industria lítica. Foto: Palmira Saladié

Cova Eirós (Triacastela, Lugo)

Xosé Pedro Rodríguez-Álvarez / IPHES

El yacimiento de Cova Eirós, situado en Triacastela (Lugo), fue excavado entre los días 8 y 22 de agosto. En el trabajo participaron 11 personas, procedentes fundamentalmente de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), bajo la dirección de Arturo de Lombera (USC) y Xosé Pedro Rodríguez (Equipo de Investigación de Atapuerca, EIA; Universidad Rovira i Virgili, URV e Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, IPHES).

Durante esta campaña se continuó con la excavación del nivel 4, lo que dio lugar al hallazgo de numerosa industria lítica y fauna correspondiente al final del Paleolítico medio. En paralelo a la extracción, una parte del equipo realizó tareas de laboratorio consistentes en organizar todo el material arqueológico (más de 20.000 restos) recuperado durante las 13 campañas realizadas hasta el momento (2008-2020).

Esta excavación se enmarca en el proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación titulado "Dinámicas poblacionales y tecnológicas durante el Pleistoceno final-Holoceno de las Sierras Orientales del Noroeste ibérico", cuyo investigador principal es Ramón Fábregas-Valcarce, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Santiago de Compostela.

Nivel 4 de Cova Eirós durante la campaña de excavaciones de 2020. Foto: Xosé Pedro Rodríguez-Álvarez

Camp dels Ninots (Caldes de Malavella, Gerona)

Bruno Gómez / IPHES

El yacimiento paleontológico de Camp dels Ninots data del Plioceno superior (hace 3,1 millones de años). Se trata de un volcán freatomagmático de tipo mar, en el cual posteriormente se formó un lago, cuyo relleno de aproximadamente 50 metros de profundidad ha provocado la excepcional conservación de los fósiles. Las excavaciones en este sitio están dirigidas por los investigadores del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) Jordi Agustí, Gerard Campeny y Bruno Gómez.

La campaña de 2020 representa la decimoctava campaña de excavación ininterrumpida. Naturalmente, ha estado marcada por la Covid-19 y por la aplicación de los protocolos oficiales, lo que ha repercutido en el número de excavadores y en la reorganización de las tareas de campo. No obstante, la fantástica colección paleontológica de este yacimiento sigue incrementándose con ejemplares total o prácticamente enteros de especies solo conocidas anteriormente de modo parcial. Es el caso de los nueve bóvidos de la especie Alephis tigneresi, los cinco tapires de la especie Tapirus arvernensis y el ejemplar casi completo de rinoceronte de la especie Stephanorhinus jeanvireti. Además, el yacimiento se caracteriza por la preservación de gran cantidad de restos de anfibios (ranas, tritones y salamandras), tortugas, peces, topos y ratones de campo, y las improntas dejadas en las arcillas del lago de miles de hojas, ramas y frutos de los árboles y arbustos que ocupaban este lugar en el Plioceno superior. Se trata, pues, de un magnífico lugar para poder reconstruir el ecosistema de este periodo, de tipo subtropical, pero ya con indicios del clima mediterráneo, típico del cuaternario en esta región, marcado por los períodos glaciales e interglaciares y por la aparición de nuestro género.

A lo largo de estos 18 años, y gracias a la estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Caldes de Malavella, ha podido crearse un itinerario interpretativo circular alrededor del volcán del Camp dels Ninots, además de un centro de interpretación llamado Espai Aquae, con dormitorios para alojar al personal durante la campaña de excavación y un laboratorio de restauración.

Excavación de restos paleontológicos en Camp dels Ninots. Foto: Gerard Campeny / IPHES

La Boella (La Canonja, Tarragona)

Palmira Saladié / IPHES

Entre el 7 y el 30 de septiembre se han desarrollado nuevas excavaciones en dos localidades del Barranc de la Boella (La Canonja, Tarragona) en sedimentos datados entre 800.000 y un millón de años de antigüedad. En la denominada Cala 1 se ha trabajado en la unidad II, en el lugar en el que durante la campaña de 2007 se encontraron por primera vez las defensas de un Mamuthus meridionalis asociadas a un importante conjunto de industria lítica achelense. Este año, los restos de fauna han sido pobres. Sin embargo, se ha ampliado la colección de herramientas de piedra de este importante conjunto. En la Mina se ha continuado la excavación del nivel 1, donde se han recuperado herramientas de sílex, restos de ungulados y el canino de un gran félido, cuya especie está aún por determinar.

Núcleo de sílex de la Cala 1. Foto: Palmira Saladié / IPHES