La Gran Dolina, un yacimiento rico en fauna


Por Fundación Atapuerca

Cuando en la década de los años noventa del siglo pasado se iniciaban las excavaciones en la Gran Dolina, creo que ningún miembro del equipo podía imaginar el alcance de sus futuros hallazgos. No podíamos esperar que en el año 1994 tuviéramos la extraordinaria sorpresa de hallar unos restos humanos en el hoy famoso nivel 6 (TD6). Tampoco los espectaculares hallazgos arqueológicos del nivel 10 (TD10) eran concebibles por entonces. Incluso la edad de los estratos inferiores de la Gran Dolina se presumía bastante más moderna de un millón de años, que es la antigüedad que hoy se atribuye a dichos niveles.

Cuando comenzamos la excavación del nivel cuatro (TD4), empezaron a aparecer restos de mamíferos que estaban menos fragmentados que los del vecino depósito de Galería. Durante varias campañas, se recuperaron en TD4 fósiles de grandes mamíferos, como el jaguar europeo, grandes bisontes, cérvidos y una importante colección de fósiles de oso, que incluía dientes aislados, mandíbulas y huesos del resto del esqueleto. Aquellos fósiles correspondían a varios individuos, algunos muy jóvenes, en realidad cachorros. La anatomía de estos osos no recordaba a los restos de oso que aparecían junto a los homínidos de la Sima de los Huesos.

Ursusdolinensis, el oso de la Gran Dolina

La sierra de Atapuerca nos ha enseñado que cada campaña de excavación encierra un nuevo misterio y que, según vamos resolviendo enigmas de los fósiles que estudiamos, surge una nueva pregunta que abre la puerta a una nueva investigación. Tras varios años de estudio, logramos responder a preguntas sobre la edad y la biología de la especie del oso de la Sima, Ursusdeningeri, que habitó en la sierra junto a los humanos durante el Pleistoceno medio. Sin embargo, nada sabíamos de ese gran oso que aparecía en la Gran Dolina. Fueron necesarios más de diez años recorriendo museos y otras instituciones paleontológicas de Europa para poderlo clasificar. Durante esos años, se estableció la edad de los diferentes estratos de la Gran Dolina, lo que ayudó a centrar el estudio comparativo en yacimientos europeos de edad similar.

La historia evolutiva de los osos durante el Cuaternario, periodo que abarca aproximadamente los últimos dos millones y medio de años, ha sido (y es) objeto de mucho debate. Existía cierto consenso con la propuesta de que Ursusetruscus, una especie que habitó Europa hace unos dos millones de años, fue el ancestro común que daría lugar a dos líneas evolutivas muy exitosas en Eurasia, el linaje espeloide, que conduciría hacia el gran oso de las cavernas (U. spelaeus) desde su forma primitiva U. deningeri, y la estirpe arctoide, que derivaría hacia el actual oso pardo (U. arctos).

Sin embargo, nuevos hallazgos y evidencias cronológicas plantearon otras hipótesis sobre la filogenia de los úrsidos euroasiáticos. En 1957, el famoso paleontólogo Björn Kurtén elaboró una teoría acerca de la filogenia de los osos euroasiáticos, que apoyaba la idea de U. etruscus como antepasada común de ambos linajes. Además, la teoría de Kurtén planteaba la existencia de una especie intermedia, distinta de U. etruscus, entre ambos linajes de osos. Por otra parte, en 1992, dos paleontólogos italianos, Paul Mazza y Marco Rustioni, publicaron un trabajo innovador en este debate que nos resultó inspirador.

Así, en el año 2011, planteamos una propuesta novedosa para incluir a ese gran oso que habitó la sierra de Atapuerca hace casi un millón de años en la historia evolutiva de los osos europeos. Creamos para los restos de Atapuerca una nueva especie, a la que llamamos Ursusdolinensis (oso de la Gran Dolina), y la situamos como una especie muy próxima a la última antepasada común de ambos linajes, osos pardos y osos cavernarios, aunque posiblemente ya situada en la familia de los segundos.

Nuria García García

Universidad Complutense de Madrid