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Embajador de la Fundación Atapuerca


Por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell / Codirectores del Proyecto Atapuerca y vicepresidentes de la Fundación Atapuerca

Escribimos con mucho dolor estas líneas, que están llenas de tristeza. Solamente nos quedan los recuerdos, que no son pocos. Unos recuerdos que se hacen permanentes cada vez que hablamos del pasado de Atapuerca. Sin querer nos viene al momento el pasado, porque a Santi no volveremos a verle pasear más con los amigos y amigas por la Trinchera cargado de fardelejos, los dulces típicos riojanos de Arnedo.

Queremos mandar un recuerdo a todos sus familiares con los que compartimos el dolor de la perdida de este gran ser humano. Un recuerdo que también hacemos llegar a las miles de personas que llevó a visitar los yacimientos de la sierra Atapuerca, tanto a los de Arnedo y Préjano, ambos en La Rioja, como a los de otras regiones de nuestro país. Estoy seguro de que todos le recordamos igual, con la voz insistente, sonriente, organizador, dialogante, hablador, etc. Las comidas de amistad en el restaurante Los Claveles en Ibeas de Juarros (Burgos) fueron memorables, donde se hablaba de lo humano y de lo divino.

A mí (Eudald) me gustaría recordar el día en el que conocí a Santi, hacia finales de la década de 1970. Me invitó a la Feria de Minerales que organizaba bajo el patrocinio de Iberduero en Bilbao. En aquel momento yo era un estudiante de doctorado, ilusionado en la promoción de la talla de la piedra tal y como lo hicieron nuestros antepasados de la prehistoria paleolítica. Tengo muchos recuerdos, rodeado por una gran cantidad de niñas y niños en los pabellones de la feria de muestras de Bilbao. Las conversaciones con Santi fluían constantemente. Su pasión por los minerales y los dinosaurios era un tema recurrente. Nuestra pasión era compartida. Los dos empezamos de la misma manera, coleccionando fósiles. Era sencillo empatizar con su alegría por la naturaleza. Fue de esta manera como empezó nuestra amistad hace 40 años, una amistad que se extendió a Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez de Castro, con quienes acabaría por compartir la dirección del Proyecto Atapuerca; pero también con Miguel Ángel Merino y Ana Isabel Ortega, del grupo Espeleológico Edelweiss, que colaboraron en la feria de Bilbao.

Con Santi nos unía un interés, yo diría obsesivo, por estos campos, y no tardamos mucho en darnos cuenta de que asociándonos podríamos ayudar a la Fundación Atapuerca, que terminaría por ser una realidad en 1999. En seguida supimos que Santi, por su papel relevante en Iberdrola, podría influir en que esta empresa entrara a formar parte de los patrocinadores de este proyecto. Y así fue. Sus buenas y continuas gestiones dieron su fruto y esta empresa pasó a formar parte de la Fundación y de su patronato, una colaboración que todavía continúa dado su entusiasmo por apoyar el Proyecto Atapuerca.

No podemos olvidar a su hija Ester. Estuvo trabajando con nosotros durante las excavaciones y forjó la idea de cómo debía ser una fuerte amistad con los miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca. Siempre le decía a su padre que era una más del equipo y que participar en el trabajo de campo era una de las mejores cosas que había hecho en su vida. Como solía afirmar él, esta es una gran familia, un gran proyecto, un proyecto universal.

Santiago Jiménez, rodeado de amigos y familiares en los yacimientos de la sierra de Atapuerca.

Santiago Jiménez, rodeado de amigos y familiares en los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

Me gustaría mencionar una anécdota que recordábamos con él en muchas ocasiones y que quedó escrita en el libro Perdidos en la colina (Destino, Barcelona). Era un sábado y estábamos haciendo visitas guiadas a más de 200 personas en los yacimientos de Atapuerca. En aquella época aún no se habían organizado las visitas y los guías éramos nosotros mismos. Santi nos llamó por teléfono y habló con José María. Nos comentó que venía con unos amigos a visitar los yacimientos, que si era posible. Naturalmente, le dijimos que sí. Siempre era muy agradable tenerle entre nosotros, y más si venía con unos cuantos amigos. Santi apareció una hora y media más tarde con cuatro autocares llenos de amigos. Tuvimos que movilizar a todo el equipo y durante toda la mañana nos ocupamos de atender a 400 personas al mismo tiempo. En aquel libro, quisimos que esa anécdota quedara para la historia, que recordamos ahora en un momento tan triste para Atapuerca. Cada año, desde finales de la década de 1990 pero, sobre todo, en este siglo, Santi nos hacía el favor de llevar a los yacimientos a unas cinco visitas con el fin de promocionar el Proyecto Atapuerca.

Además, Santi colaboró en 2014 con el Congreso de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (UISPP) que se organizó en Burgos. Gracias a sus gestiones, el Ayuntamiento y el Museo de Ciencias Naturales de Arnedo patrocinaron una sesión científica. Con esta contribución, Arnedo tuvo el honor de ser la única localidad fuera de Burgos que tuvo un acto en el congreso.

En 2017, la Fundación Atapuerca creó la figura de Embajador de los yacimientos y, por supuesto, aquel mismo año Santi logró este galardón. Nadie lo podía hacer como él. Fue un gran honor.

Qué puedo decir del Museo de Ciencias Naturales de Arnedo, en el que hicimos actos y visitas que sirvieron a escolares de la región para aprender de la evolución de la vida en la tierra. Mi último viaje el año pasado a este lugar, que concluiría con la inauguración de las colecciones de fósiles en el castillo y el convenio con la Fundación y el Ayuntamiento de Arnedo, cerraban un círculo y finalizaban un ciclo: el de la vida. Comiendo las cerezas en su casa de Préjano, todos sabíamos que se apagaba la vida de un gran hombre y de una persona admirable; así ha sido. Sin embargo, él siempre estará presente en este proyecto, que también es suyo.

En nombre de los codirectores de Atapuerca, Santi, te saludamos otra vez y te saludaremos siempre. Un fuerte abrazo de todos los que te queríamos.