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Los equipos de Atapuerca


Por Juan Vicente Herrera Campo / Expresidente de la Junta de Castilla y León

Conozco bien la importancia de los equipos. Durante casi toda mi vida profesional he tenido que formarlos y trabajar en ellos. Y los aciertos y logros han sido siempre fruto de ese esfuerzo común. Es uno de mis mayores orgullos y motivo permanente de gratitud con quienes me han acompañado todos estos años. En el deporte colectivo suele distinguirse entre ganar un partido, de lo que puede ser protagonista principal el talento individual y la suerte también, y ganar un campeonato, para lo que es imprescindible el esfuerzo coordinado de muchos, con el que la suerte pasa a tener ya un papel secundario. Es la fuerza del equipo.

Tratándose de un proyecto tan ambicioso como el de Atapuerca, el equipo de los investigadores, científicos y divulgadores vinculados a él merece ser reconocido socialmente por sus trabajos y resultados, que son los que han situado los hallazgos, estudios, interpretaciones y publicaciones sobre los yacimientos de la Sierra en una primera línea del debate y avance de la ciencia, y también del interés general de la gente. Ellos son la garantía del prestigio del proyecto, y los que además han fortalecido la dimensión temporal y espacial del mismo.

Hemos escuchado muchas veces a los actuales codirectores asegurar que en Atapuerca hay trabajo para varias generaciones de investigadores. Por eso, ahora que se está desarrollando la tradicional campaña de excavaciones, llevada a cabo este verano, dadas las duras circunstancias que todos sabemos, por un grupo más reducido de aquellos, todos de muy alta cualificación, es un momento bien oportuno para agradecer el trabajo en equipo de tantos y tantos especialistas que a lo largo ya de más de 40 años de excavaciones regulares han hecho y siguen haciendo de Atapuerca un patrimonio abierto en actividad, de extraordinario valor para el mundo y la comunidad científica, y generador de imagen y de progreso cultural y material para Burgos y los burgaleses.

Y también ha sido la implicación de los equipos de Atapuerca la que ha hecho posible poner en marcha un singular sistema de lugares, equipamientos e iniciativas, constituido para defender, promover y aprovechar socialmente esa realidad. Un sistema que tiene su centro natural en los propios yacimientos y sus instalaciones. Que se extiende luego a los cercanos centros de recepción de Atapuerca e Ibeas de Juarros. Que desde hace ya 10 años ha reforzado la dimensión divulgativa y científica del proyecto a través del Museo de la Evolución Humana y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), espectaculares equipamientos situados en la ciudad de Burgos. O que encuentra en nuestra Universidad y en la Fundación Atapuerca la oportunidad de extender sus vínculos con la realidad académica, institucional y empresarial de la sociedad burgalesa. En todos estos espacios late el corazón y rige el cerebro de los equipos de Atapuerca.

Estas breves líneas solo pretenden ser un pequeño homenaje a todos los que, por méritos y derecho propios, deben ser considerados parte del “equipo de Atapuerca”. Y también el recordatorio de que el trabajo y los resultados científicos siempre serán la piedra angular de este proyecto. Pero tampoco pueden olvidarse de quienes, a lo largo de todo este tiempo, han tenido el talento necesario para liderarlo con visión larga e impulso incansable. El profesor Emiliano Aguirre en un primer momento. Y los profesores Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, codirectores desde hace ya 30 años, quienes con su diferente personalidad, especialidad y perspectiva, han sabido sin embargo forjar entre ellos otro de esos equipos imbatibles, del que bien puede afirmarse que ha sido el gran motor de Atapuerca, y que ha merecido tan grandes reconocimientos nacionales e internacionales a todos los niveles.

Una ciudad es una realidad colectiva que sin duda necesita de infinitas iniciativas individuales para avanzar, pero también de grandes proyectos colectivos, comunes a todos, con los que identificarse. Proyectos clave que integren, que ilusionen, que movilicen. Que mejoren el presente y conduzcan al futuro. En el caso de Burgos, algún buen ejemplo hay en su historia, y afortunadamente también en su actualidad cultural, económica o deportiva. Pero como ya se ha repetido, en muy pocas ocasiones antes del de Atapuerca los burgaleses habíamos sentido con tanta ilusión y ambición colectivas un proyecto como nuestro. Todos formamos también parte del equipo de Atapuerca.