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Cráneos de 17 individuos recuperados en la Sima de los Huesos.Cráneos de 17 individuos recuperados en la Sima de los Huesos. (EIA)

Cráneos, fracturas y signos de violencia en el Pleistoceno medio

Noviembre 2016.

Los análisis tafonómico-forenses en cráneos fósiles son fundamentales para comprender los sucesos acontecidos desde la muerte de los individuos que vivieron en el pasado hasta el momento de su descubrimiento por parte de los paleontólogos. Además de los huesos largos, los cráneos fósiles contienen una valiosísima información tafonómica. La colección de cráneos de la Sima de los Huesos está formada por 17 especímenes. La mayor parte de ellos están fracturados en cuantiosos fragmentos que durante décadas el equipo de la Sima ha recuperado y encajado como si de piezas de un puzle se tratara. Cada una de las más de 500 fracturas craneales que separan los diferentes fragmentos ha sido analizada cuidadosamente para averiguar cuándo y por qué se produjeron. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Archaeological Science ha establecido las bases de una metodología de estudio de fracturas en cráneos fósiles basada en criterios tafonómicos y forenses aplicados a la extraordinaria colección de la Sima de los Huesos. Este estudio ha confirmado que la mayor parte de las fracturas craneales de la colección se produjeron debido al peso de los sedimentos que los cubrían cuando ya no contenían tejido blando (postmortem). No obstante, una pequeña proporción de fracturas craneales tienen unas características diferentes al resto que son propias de lo que en la disciplina forense se conocen como fracturas perimortem (producidas en un tiempo próximo a la muerte). Estas se observan en los cráneos Cr-3, Cr-5, Cr-7, Cr-9, Cr-11, Cr-13, Cr-14 y el previamente estudiado Cr-17. La aplicación de criterios forenses al estudio de estas fracturas ha permitido a los investigadores sugerir que, al igual que en el cráneo número 17, la causa más probable de estas fracturas es el resultado de actos violentos. Esto podría indicar que los conflictos violentos podrían haber sido más habituales de lo previamente esperado en esta población del Pleistoceno medio.

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