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Nuevas investigaciones sobre la audición del Cráneo 4 de la Sima de los Huesos


El Cráneo 4 de la Sima de los Huesos, conocido familiarmente como Agamenón, fue hallado en 1992 junto con el Cráneo 5 (Miguelón) y ambos se exhiben en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. Agamenón es mundialmente conocido en el ámbito de la paleoantropología por presentar, en ambos oídos, un recrecimiento anormal del hueso timpánico conocido como exostosis del conducto auditivo externo. Estas exostosis son relativamente frecuentes en personas que exponen sus oídos al contacto habitual con el agua fría, como los surfistas o los buceadores. En el caso de Agamenón, no parece probable que esa sea la explicación de su patología, pues no hay constancia de que los humanos de hace unos 430.000 años practicaran tales actividades. Por ello, se ha propuesto algún tipo de infección como la causa más probable de su patología.

De todos modos, lo interesante del caso es que las exostosis, cuando están muy desarrolladas, pueden llegar a causar sordera, ya sea parcial o total. Y esa fue la conclusión a la que llegó el equipo que estudio el caso del Cráneo 4 en 1997. Su diagnóstico se basaba en una única imagen tomográfica que mostraba que los conductos auditivos de Agamenón estaban casi completamente obstruidos por las exostosis. Así, Agamenón pasó a convertirse en el caso de sordera más antiguo conocido. Esta conclusión ha tenido gran importancia en los estudios de otros fósiles humanos, especialmente neandertales, que también presentan exostosis en sus oídos. A partir de la comparación ocular (es decir, sin emplear imágenes radiográficas) con las exostosis del Cráneo 4, se ha propuesto que otros fósiles humanos también habrían padecido diferentes grados de sordera.

Sin embargo, en un artículo recientemente publicado en la prestigiosa revista Journal of Human Evolution se ha presentado un nuevo y exhaustivo estudio de la patología de Agamenón y sus conclusiones han resultado sorprendentes: sus exostosis no alcanzaron el grado de desarrollo necesario para afectar a su audición, por lo que el individuo oía tan bien como el resto de sus compañeros. El trabajo ha sido liderado por Mercedes Conde-Valverde y en él también han participado los investigadores que diagnosticaron la sordera del Cráneo 4. Los nuevos resultados se han alcanzado gracias a la realización de cientos de nuevas tomografías, de mucha mayor resolución que las que se podían obtener en 1997, y a la aplicación de una metodología que permite reconstruir, a partir de dichas imágenes, la transmisión del sonido a través del oído externo.

Estos resultados ponen en cuestión los diagnósticos sobre las capacidades auditivas de otros fósiles humanos. Es evidente que, ahora, es preciso realizar estudios tan completos como el liderado por Conde-Valverde para poder establecer el grado de audición en ejemplares fósiles con exostosis. Este trabajo también supone un ejemplo del rigor científico del Equipo de Investigación de Atapuerca, que está siempre dispuesto a revisar sus resultados previos aplicando los nuevos avances tecnológicos. Felicitémonos pues: el bueno de Agamenón pudo oír, sin problemas, la voz de los suyos.