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La Cueva de la Fuente, en la localidad burgalesa de Cueva de Juarros, protagonista de un estudio arqueológico.La Cueva de la Fuente, en la localidad burgalesa de Cueva de Juarros, protagonista de un estudio arqueológico. (M.A. Martín (Archivo G.E. Edelweiss))
Vecinos de la localidad atendiendo las explicaciones sobre el yacimiento.Vecinos de la localidad atendiendo las explicaciones sobre el yacimiento. (Fortunato LLázaro)

La Fundación Atapuerca realiza un estudio arqueológico de la Cueva de la Fuente

Septiembre 2018

La Cueva de la Fuente, de Cueva de Juarros, perteneciente al municipio burgalés de Ibeas de Juarros, es el manantial permanente en el que nace el río Cueva, lo que siempre favoreció el asentamiento humano, como el propio Cueva de Juarros y el asentamiento prehistórico en el pasado, con el fin de aprovechar sus aguas. Era conocido desde hace tiempo, e incluso existen referencias documentales bibliográficas. Además, solía ser objeto de visita por diferentes miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) dadas sus peculiaridades.

Su portalón de entrada daba acceso a un lateral en el que también manaban las aguas en época de crecidas y permitía contemplar, al fondo, una potente estratigrafía rica en materiales arqueológicos, cuyo potente buzamiento parecía indicar su relación con alguna cavidad superior actualmente colmatada.

En la primavera de 2016, miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss (GEE) detectaron que había sido parcialmente destruido y lo denunciaron a las administraciones competentes: Junta de Castilla y León, Museo de Burgos y Ayuntamiento, así como a la Fundación Atapuerca. El yacimiento del portalón había sido prácticamente arrasado en su totalidad por un vecino del pueblo, con la finalidad de poner una imagen de la Virgen, colocar unos bancos y unas jardineras. En estas tierras se recuperaron numerosos restos humanos así como cerámicas, sílex y una pequeña hacha pulimentada. El potente yacimiento del fondo había sido tapiado con un muro. Tras poner la denuncia y hablar con el alcalde y vecinos de la localidad se enteraron de que las obras incontroladas habían comenzado, al menos, dos años antes y que en el primer momento habían aparecido cuatro cráneos humanos que fueron entregados a la Guardia Civil, hecho que, inexplicablemente, no fue notificado ni a la Junta de Castilla y León ni al Museo de Burgos.

La propia Junta de Castilla y León ha tenido interés en que se realizara una pequeña intervención arqueológica que verificara el estado del yacimiento y permitiera conocer con mayor precisión su cronología. La intervención arqueológica se encargó a la Fundación Atapuerca y, por medio de ella, a la arqueóloga Ana Isabel Ortega, una de las personas que denunció los hechos citados, miembro del EIA y del GEE. La intervención arqueológica ha consistido en una cata en el interior de la cueva que ha permitido recuperar restos cerámicos, tanto medievales como de época prehistórica, parte de un molino de mano y huesos de animales. Se han revisado las tierras del yacimiento depositadas en el rosal del exterior de la cueva recuperando nuevos fragmentos de animales y cerámicas y líticos, además de restos humanos. Asimismo, se han tomado muestras de carbones en la base de las secuencias del interior y de un hogar situado a unos cuatro metros del suelo, con el fin de obtener unas dataciones precisas de la estratigrafía, que fijen con mayor exactitud su cronología, relacionada por los materiales descubiertos entre el Neolítico y la Edad del Bronce. También se analizarán los restos humanos recuperados y se intentará acceder a los informes forenses realizados sobre los cráneos humanos entregados a la Guardia Civil. Este trabajo tiene además el objetivo de evaluar los daños producidos y estimar el potencial del yacimiento, así como identificar el carácter simbólico de esta cavidad sepulcral.

Sería interesante, en el futuro, complementar esta sencilla intervención, que ha contado con una financiación de 3.000 euros de fondos FEDER, con el estudio del potente yacimiento que ahora se encuentra detrás del nuevo muro de contención, que seguramente aportará mucha más información sobre el yacimiento.

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