Atapuerca: concepto e infraestructuras


Por Fundación Atapuerca

Objetivo e infraestructuras son claves sintéticas de un mismo proceso constructivo. La teoría y la práctica se sincronizan para construir nuevas realidades. Esto es más consistente si se trabaja en evolución humana. Evolución es diacronía, tiempo continuo y espacio renovado. Análisis y síntesis. Trabajo de campo, de laboratorio y de gabinete.

El concepto es el propio proceso evolutivo, el objetivo es el proceso que construye la lógica de los descubrimientos y los métodos que acercan la teoría y los registros. ¿Qué hacer y cómo hacerlo? Todo empieza aquí, todo: sale de los sedimentos, de los contenedores en el caso de Atapuerca, de los rellenos de las cavidades formadas por disolución de las rocas del Cretácico, pero también de las superficies pleistocenas que se localizan fuera de ellas.

Las cuevas, por su estructura, protegen los registros arqueo-paleontológicos de los meteoros. De esta manera, las cavidades de origen kárstico se convierten en contenedores de la memoria de la biocenosis de los ecosistemas en los que se encuentran. Muchos de los sedimentos fosilíferos han permanecido estables durante centenares de miles de años; en el caso que nos ocupa, más de un millón.

Cuando empiezan las intervenciones científicas, se comienza a modificar la estructura de los sedimentos, de manera que la protección de las distintas capas va desapareciendo al exponerlas a la superficie. Estamos hablando de yacimientos que han sido intervenidos por los humanos en distintos tiempos y que han quedado expuestos como consecuencia de obras de construcción, como ocurre en la Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca.

Los yacimientos que se encuentran en el interior de las cavidades están protegidos de forma natural por las galerías y salas con bóvedas en las que se encuentran. El único peligro es la intervención humana sin conocimiento científico que se dedica a la expoliación de los mismos.

Cuando se empieza una intervención científica, lo primero que se debe tener en cuenta es la protección de la zona donde se excava. Esto quiere decir que en la Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca, por ejemplo, hemos tenido que construir cubiertas para evitar la erosión de sedimentos, así como andamiaje para poder llevar a cabo el trabajo de extracción de los fósiles. Estas dos infraestructuras son imprescindibles para desarrollar una labor arqueológica eficaz.

En Atapuerca hubo una discusión importante sobre el impacto de los trabajos de extracción en el medio natural. Hablamos de obras que deben acometerse para poder trabajar con comodidad y seguridad. Nos decidimos por estructuras reversibles; es decir, construcciones metálicas o gaviones de piedra que se pueden desinstalar. Nos pareció que el modelo de explotación de cantera minera no estaba reñido con el concepto de investigación científica. Las excavaciones son espacios de trabajo. De esta manera, la estética y la sofisticación de las instalaciones pasan a un segundo plano para primar la consecución del trabajo.

De esta manera, generábamos una contradicción entre el espacio antrópico y el espacio natural. De hecho, esta contradicción generaba la belleza conceptual y estética del espacio científico. Este concepto ya ha prevalecido, de manera que ha pasado a formar parte del acervo conceptual del Equipo de Investigación de Atapuerca.

Considerábamos que este espacio científico y de cantera podía ser apreciado si generábamos un contexto en el que la ecología del entorno pudiera enmarcar el concepto de cantera. Por ello, se ha procedido a la construcción de senderos botánicos que nos permiten, junto con los caminos de servicio, conectar la red de yacimientos y, así, formar un todo.

De esta manera, hemos conseguido que concepto e infraestructuras formen parte fundamental de la estrategia de conocimiento eco-social de Atapuerca.

José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell