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A LOS OJOS DE... José Javier Fernández Moreno


Siendo muy joven, subí a la sierra de Atapuerca para entrar en las cuevas. El recorrido fue breve, tan lleno de curiosidad como de temor a lo desconocido. Pocos años después, la subida a este mismo lugar se convirtió en un peregrinaje ritual. Ya universitario, varios veranos entre finales de los 70 y principios de los 80, cuando volvía de excavar en Caracena (Soria), visitaba los trabajos de Cueva Mayor, dirigidos por Juan María Apellaniz, y allí, al pie de cata, conocía las novedades de este asentamiento coetáneo del soriano. Había otro equipo, dirigido por Emiliano Aguirre, que trabajaba en la Trinchera y luego también en el interior de Cueva Mayor, pero el objeto de su trabajo no me suscitaba en aquel entonces el mismo interés.

Al inicio de los años 90, al incorporarme a la Dirección General de Patrimonio Cultural, volví a contactar –ahora sí– con el profesor Aguirre y con los actuales codirectores que inmediatamente asumieron la responsabilidad del proyecto que, de forma interrumpida hasta la fecha, investiga los distintos yacimientos arqueológicos y paleontológicos de la sierra de Atapuerca.

He tenido el privilegio de ir conociendo los espectaculares hallazgos que en estas décadas se han ido produciendo y también de tratar a muchos de los miembros del numeroso equipo de investigación que han desarrollado estudios y publicaciones que nos permiten conocer mejor a las distintas y sucesivas gentes prehistóricas que ocuparon este singular paraje en el camino del valle del Ebro al valle del Duero, en la Meseta, dos ecosistemas distintos y complementarios.

Paralelamente a la investigación, el conjunto de yacimientos de la Sierra se fue constituyendo como un conglomerado de acciones y agentes implicados, hasta llegar a lo que es hoy el Sistema Atapuerca. En muchas de ellas tuve la oportunidad de participar, como en la protección de los yacimientos: su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) y su inclusión en la Lista de Patrimonio Mundial. También he tomado parte en la difusión de los hallazgos: los encuentros científicos internacionales como el de La Mota de Medina del Campo o el Congreso de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas celebrado en Burgos, las exposiciones en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en el Museo de Burgos o el Museo del Hombre en París, así como en los sucesivos catálogos de exposiciones, la memoria de excavación y la guía de los yacimientos. También he colaborado en las actuaciones integradas en la gestión: la redacción del Plan Director, el Plan de Gestión y Usos; el vallado y protección de las cuevas, el edificio para el guarda, el cerramiento de la Trinchera, los centros de recepción, las cubiertas de protección, el Museo de la Evolución Humana, etc.

Todo esto ha sido y es, para mí, la Sierra, el proyecto de los yacimientos de Atapuerca: un laboratorio experimental y de innovación en gestión cultural. No había nada similar en lo que fijarnos, y todos los que participamos hemos tenido un aprendizaje permanente e intensivo, con nuestros aciertos y nuestros errores, con discusiones y acuerdos. Por mi parte, como por la de otros muchos, he trabajado con la pretensión de facilitar la investigación, de garantizar la conservación de los yacimientos, y de suscitar el acceso de los ciudadanos interesados, que cada año son numerosos. Y entre ellos me sigo encontrando, porque cada vez que me acerco a este lugar gano experiencias que siguen estimulando aquella curiosidad juvenil.

José Javier Fernández Moreno

Arqueólogo

Junta de Castilla y León