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Hacia un mundo neandertal


Por Arturo de Lombera Hermida / Universidad de Santiago de Compostela — IPHES

La secuencia estratigráfica de Gran Dolina ofrece una oportunidad excepcional para comprender la evolución tecnológica desde el Pleistoceno inferior hasta el Pleistoceno medio final. En particular, la unidad TD10 se enmarca en el proceso de transición tecnológica entre el Achelense y el Musteriense. Esta sucesión permite abordar cuestiones como qué define o cuáles son los mecanismos de la transición, si se deben a abruptos cambios tecnológicos y culturales o si, por el contrario, las innovaciones fueron asimiladas progresivamente. El estudio de más de 22.000 artefactos de la subunidad TD10.1, recientemente publicado en Journal of Human Evolution, permite entender cómo fue esa transición en Atapuerca y, por extensión, en Europa occidental.

La base de TD10.1 (“manta” o “bone-bed level”) está formada por ocupaciones de carácter residencial, con una alta densidad de restos producto de una gran variedad de actividades (talla, procesado de alimentos, etc.). Paralelamente, se observa una cuidada selección de los recursos del entorno: además del sílex neógeno y cretácico mayoritarios, se utilizaron materiales fluviales procedentes de las terrazas del río Arlanzón, de los cauces del Vera y, muy especialmente, cuarcitas de la Formación Utrillas, en Olmos de Atapuerca. No obstante, tal y como corroboran los estudios zooarqueológicos y algunos de los remontajes líticos, estas ocupaciones se alternan con otras de menor impacto.

A pesar de esas diferencias dentro de TD10.1, se observa una homogeneidad tecnológica, lo que implica la continuidad cultural de los grupos que ocuparon la sierra de Atapuerca hace entre 450.000 y 250.000 años. Esto es evidente por la pervivencia de ciertos rasgos achelenses desde los niveles inferiores (TD10.3) —que también aparecen en el yacimiento de Galería—, como son la presencia de bifaces, hendedores y esquemas de talla menos complejos.

Sin embargo, es significativo que TD10.1 registre varias innovaciones y comportamientos tecnológicos de gran complejidad que cristalizarán posteriormente en la tecnología neandertal del Paleolítico medio, algunos de ellos ya observados en TD10.2. Estos aspectos son una explotación más ordenada de los recursos líticos, una marcada reducción del tamaño de los artefactos, el protagonismo de los pequeños retocados sobre lasca, las evidencias de fabricación de útiles enmangados, el recurso a retocadores óseos, el reciclaje de elementos líticos y, especialmente, la aparición de métodos de talla complejos como el Levallois o el discoidal. Por ello, TD10.1 se encuadra en los inicios del Paleolítico medio.

El estudio concluye que la transición entre el Paleolítico inferior y medio en la sierra de Atapuerca fue un proceso acumulativo y progresivo apuntando a una transición local. Este proceso de “neandertalización” es paralelo al observado en otros yacimientos europeos, y coherente con la evolución de los preneandertales de la Sima de los Huesos. Pero, al igual que el proceso biológico no fue homogéneo en toda Europa, tampoco lo fue el tecnológico, pues las ocupaciones de TD10.1 son contemporáneas a otros sitios arqueológicos peninsulares con características plenamente achelenses, lo que subraya la complejidad cultural y poblacional del Pleistoceno medio final europeo.

Referencia:

De Lombera-Hermida, A., et al. A., 2020. The dawn of the Middle Paleolithic in Atapuerca: the lithic assemblage of TD10.1 from Gran Dolina. Journal Human Evolution. 145, 102812. DOI: http://doi.org/10.1016/j.jhevol.2020.102812