Volviendo a la normalidad


La campaña de 2021 ha sido la segunda campaña de excavaciones en la sierra de Atapuerca que se ha visto condicionada por la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, gracias al avance del proceso de vacunación de la población y a la experiencia adquirida en la campaña anterior sobre la aplicación de protocolos sanitarios de prevención de contagios, ha sido posible ampliar el número de investigadores y excavar en yacimientos en los que, como es el caso de El Portalón, El Mirador o la Galería, no se pudo intervenir el año pasado. En total, se ha intervenido en 11 yacimientos, que abarcan desde la época de los primeros pobladores del continente, hace alrededor de un millón y medio de años, hasta la Edad del Bronce, hace alrededor de cinco mil años.

Cueva El Mirador (sierra de Atapuerca). Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

Los yacimientos que contienen los registros más antiguos de la sierra de Atapuerca corresponden al periodo denominado Pleistoceno inferior y son la Sima del Elefante (entre hace 1,2 y 1,5 millones de años) y el nivel TD4 de Gran Dolina (de hace cerca de 900.000 años). En el primero de ellos se han recuperado fósiles de animales, como tortugas y cerdos, que indican que las condiciones ambientales de la sierra de Atapuerca en aquella época eran más templadas y húmedas que en la actualidad. Pero el hallazgo más destacado en la Sima del Elefante ha sido el de una lasca de cuarzo en el nivel 7 del yacimiento, que es más antiguo que el nivel 9 en el que se encontraron los fósiles humanos en 2007 y 2008, lo que indica que el poblamiento humano de Europa es aún más antiguo de lo que se pensaba, situándolo en cerca de 1,4 millones de años. El nivel TD4 de Gran Dolina fue excavado de manera preliminar a comienzos de la década de los 90 del pasado siglo y proporcionó importantes piezas de industria lítica y también de fauna fósil, como es un cráneo de rinoceronte de la especie Stephanorhinus etruscus, que se exhibe en la actualidad en las vitrinas del Museo de la Evolución Humana en Burgos. En la campaña de este año ha vuelto a recuperarse una pieza de industria lítica, tallada en sílex, y es destacable el hallazgo de la mandíbula que corresponde al cráneo de rinoceronte de 1991, por lo que pronto podrán contemplarse juntos en el Museo de la Evolución Humana.

Lasca de cuarzo del yacimiento de la Sima de Elefante, que confirma la presencia humana en la sierra de Atapuerca hace 1,4 millones de años. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

Mandíbula de rinoceronte del nivel TD4 del yacimiento de la Gran Dolina de unos 900.000 años de antigüedad. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

El siguiente conjunto de yacimientos corresponden al Pleistoceno medio y, por orden de antigüedad, son: la Unidad TD8 de Gran Dolina (de hace entre 500.000 y 700.000 años), la Sima de los Huesos (de hace cerca de medio millón de años) y la Galería (fechada en torno a un cuarto de millón de años). La excavación en TD8 es especialmente interesante porque corresponde a un intervalo temporal en el que escasea la presencia humana en Europa, lo que podría indicar el despoblamiento del continente en aquellos momentos. Tampoco en Atapuerca se había encontrado evidencias de presencia humana en esa cronología hasta la campaña del año pasado, en la que aparecieron dos piezas de industria lítica. Esta presencia se ha visto confirmada este año por el hallazgo de nuevas herramientas de piedra, junto con una abundante representación de fósiles de animales, entre los que destacan los rinocerontes, los bisontes, caballos, osos, rinocerontes... La confirmación de la continuidad humana en Europa en esta cronología es un resultado de gran importancia para la Prehistoria europea. Como en la campaña del año pasado, apenas se ha intervenido en la Sima de los Huesos, donde las reducidas dimensiones y la dificultad de respirar con mascarillas debido a la enrarecida atmósfera del lugar, han aconsejado limitar la intervención a tan solo dos jornadas de dos horas cada una. Con todo, y tal como viene ocurriendo de manera ininterrumpida desde 1983, se han vuelto a recuperar fósiles humanos, que amplían la extraordinaria colección de este yacimiento. Se trata de cuatro fragmentos de cráneo y un hueso del pie (un astrágalo) completo. También se ha intervenido de manera limitada en la colindante Sala de los Cíclopes, cuya cronología es similar a la de la Sima de los Huesos y en dónde se ha recuperado el cráneo, casi completo, de un oso de la especie Ursus deningeri, un hallazgo de gran interés, pues se conocen pocos cráneos de dicha especie tan completos. Por último, dentro de los yacimientos del Pleistoceno medio, en la Galería se han hallado un gran número de piezas de industria lítica de tradición achelense, entre las que destacan un bifaz y un hendedor, junto con numerosos fósiles de ciervos y bisontes que presentan marcas de haber sido consumidos por los humanos que habitaban la sierra en aquella época.

De izquierda a derecha: astrágalo preneandertal y fragmento de un parietal, ambos de la Sima de los Huesos. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

El Pleistoceno superior también está ampliamente representado en la sierra de Atapuerca por tres yacimientos: Cueva Fantasma, Galería de las Estatuas Interior y Galería de las Estatuas Exterior. Aunque su datación aún es preliminar, Cueva Fantasma es, seguramente, el más joven de los tres, con una antigüedad cercana a los 60.000 años. Este año se ha recuperado en este yacimiento una importante colección de piezas de industria lítica correspondientes al periodo de plenitud de los neandertales, así como restos de fauna que incluyen ciervo, caballo, bisonte, hiena y oso. El yacimiento de la Galería de las Estatuas Interior está enclavado en una de las galerías de la Cueva Mayor y, aunque hoy día se encuentra a casi 300 metros de la actual entrada, hace algo más de 100.000 años se encontraba cerca de una entrada a la cueva que hoy está cegada por los sedimentos. Allí realizaron sus actividades diferentes grupos de neandertales desde hace algo más de 100.000 años hasta hacer cerca de 80.000 años. Este año se ha intervenido de manera limitada en los niveles más antiguos del yacimiento recuperándose algunas herramientas talladas en sílex y cuarcita junto con fósiles correspondientes a ciervos y caballos. En la campaña del año pasado se localizó la antigua entrada a la sala en la que se encuentra el yacimiento de Galería de las Estatuas Interior. A este nuevo yacimiento se le denominó Galería de las Estatuas Exterior y se dio comienzo a su excavación con resultados preliminares muy prometedores. La campaña de este año ha confirmado las expectativas depositadas en este yacimiento, pues ha proporcionado más de 400 útiles de piedra, que corresponden a dos fases de la evolución tecnológica de los neandertales; una más primitiva, que aún conserva características achelenses, y otra más avanzada, con piezas típicamente musterienses. Además, se han recuperado restos fósiles de rinoceronte, caballo, ciervo y bisonte.

Galería de las Estatuas Exterior. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

También se ha intervenido en dos yacimientos holocenos, que corresponden a la Prehistoria reciente. En el yacimiento de El Mirador se ha trabajado en niveles neolíticos de hace más de 6.000 años y se han recuperado importantes piezas, como colgantes realizados con caninos de ciervo perforados, y, muy especialmente, nuevos fragmentos de brazaletes de mármol, que se suman a los recuperados durante la campaña de 2019. Estos brazaletes destacan por su rareza, ya que los lugares conocidos de fabricación de estos ornamentos de mármol se sitúan en Andalucía, siendo extremadamente escasos los hallazgos realizados fuera de esta región. Probablemente, estos brazaletes fueran un elemento de prestigio que llegó a Burgos a través de redes de intercambio. Por último, en el yacimiento de El Portalón de Cueva Mayor se ha excavado en niveles correspondientes al Neolítico y también en otros de la Edad del Bronce. En los niveles neolíticos se han encontrado restos de animales consumidos, tanto domésticos (vaca, oveja) como salvajes, sobre todo caballos, lo que demuestra una explotación mixta de los recursos animales (ganadería y caza). Además, también se han recuperado herramientas en piedra, como molinos y hachas pulidas, junto con útiles en hueso como punzones y agujas, y algunos elementos de adorno como cuentas de conchas marinas. Finalmente, en la estación de lavado de sedimento del río Arlanzón, el equipo de investigadores de pequeños vertebrados ha procesado más de una tonelada de sedimento al día, procedente de todos los yacimientos excavados en la Sierra.

El Portalón de Cueva Mayor (sierra de Atapuerca). Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca

Vista en su conjunto, la campaña de 2021 puede ser calificada de excelente. Además de hallazgos muy significativos como son la lasca de la Sima del Elefante, las piezas de industria lítica de TD8 y los fósiles humanos de la Sima de los Huesos, también se han recuperado cientos de herramientas de piedra y miles de fósiles de animales que documentan las actividades humanas a lo largo de un periodo de un millón y medio de años, algo que es único para el conjunto de Eurasia. Pero el incomparable valor de los resultados científicos no es la única seña de identidad de la campaña de 2021, también lo es el extraordinario éxito de organización que ha permitido, en plena pandemia, reunir a cerca de 180 investigadores y coordinar sus actividades durante casi un mes sin que se haya producido ni un solo contagio. Todos los participantes en la campaña se han sometido, semanalmente, a controles sanitarios sin que se haya registrado un solo caso positivo, lo que da la medida tanto de la bondad de los protocolos establecidos, como de la responsabilidad personal de todos los integrantes del equipo. Este resultado no habría sido posible sin el apoyo y la confianza constantes de la Junta de Castilla y León, del excelente trabajo del personal de la Fundación Atapuerca, siempre entre bambalinas, y, como no, de la dedicación y buen hacer de todos los trabajadores de la Residencia Gil de Siloé con su equipo directivo al frente. Como cada año, desde ya cuatro décadas, se trata de un éxito colectivo que nos pertenece a todos, a los investigadores y al conjunto de la sociedad burgalesa.

Así que, ¡enhorabuena a todos! porque, de nuevo, hemos superado las dificultades y ya hemos emprendido, con paso firme, el camino a la normalidad.