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La crisis que no vimos llegar


Por José María Bermúdez de Castro Risueño

Estamos pasando una crisis sin precedentes, que con toda seguridad dejará huella en todos nosotros. La humanidad se enfrenta a un reto, que no han conocido otras generaciones. Desde la segunda guerra mundial muchos países no se habían enfrentado a un problema de estas dimensiones. Las personas que nacieron en esos países después de la gran guerra han tenido una prosperidad creciente y se encuentran ahora con una situación muy compleja, que a todos nos ha cogido desprevenidos.

La nueva experiencia nos ha llevado primero a la sorpresa y al desconcierto. Todo parece como un mal sueño, que se desvanecerá cada mañana al despertarnos. Pero no es así. De momento, cada día es peor que el anterior. La segunda fase de la crisis llegará en pocos días, cuando todos empecemos a digerirla y a tomar plena conciencia de ella. Finalmente, nos iremos adaptando a las consecuencias, que no serán pocas.

Los problemas económicos serán los más evidentes, pero también habrá secuelas emocionales. Quienes hayan perdido a seres queridos sin tan siquiera haber podido despedirse de ellos tendrán un traumatismo emocional importante. Tardarán mucho tiempo en superarlo. El encierro de muchas personas en lugares que no invitan precisamente al aislamiento también puede causar problemas de cierta salud mental. En particular, sufrirán más aquellas que no tengan una buena relación con quienes han tenido que aislarse a la fuerza.

No me sorprende que muchas personas se estén enfrentando a la situación con coraje y valentía. No nos puede extrañar, puesto que una parte de la humanidad siempre ha dado muestras de su capacidad para echar una mano sin esperar nada a cambio. El altruismo, un comportamiento por el que un individuo ayuda a los demás incluso anteponiendo la vida de los demás a la suya, ha sido explicado desde varios puntos de vista. Desde la perspectiva biológica más estricta, tal vez nos inclinemos a prestar nuestra ayuda a quienes lleven nuestros propios genes. De ese modo, la continuidad de la especie, y no la del individuo, sería lo realmente importante. Sin embargo, esto no siempre es así, porque muchas veces ayudamos a quienes no tienen relación genética con nosotros. También se puede esgrimir que las personas altruistas esperan una recompensa material y/o emocional por parte del grupo al que pertenecen. Ese premio también podría ser íntimo: quien ayuda de manera altruista puede sentirse bien consigo mismo.

Pero creo que en la actualidad poco importan estas reflexiones. Lo cierto es que muchas personas están en estos momentos exponiendo su vida para que otras salven las suyas. Eso es lo verdaderamente impresionante de los seres humanos.

En el lado opuesto, están quienes tratan de obtener una buena tajada de esta situación. Y no me refiero solo a los ladronzuelos, que pueden obtener algún mínimo beneficio de un hurto menor aprovechando una situación en la que hay menos control de las fuerzas del orden. Estoy pensando en las grandes empresas que obtienen beneficios económicos de las necesidades más urgentes para que podamos sobrevivir. Me cuesta mucho comprender este comportamiento tan mezquino. Pero existe y no se trata de casos excepcionales.

Por último, es muy importante recapacitar durante el tiempo que dure la crisis y una vez que la hayamos dejado atrás. Los seres humanos somos extremadamente frágiles. Somos muchos, es cierto, pero pertenecemos a la última especie de una genealogía que otrora fue mucho más diversa. Es por ello que nos encontramos en peligro de extinción, pese a toda la cultura que hemos acumulado desde hace miles de años. Si en algún momento de nuestra vida hemos pensado que existe una frontera muy nítida entre nosotros y los demás seres vivos ya podemos ir desterrando esa idea. Quizá sea esta una buena oportunidad para recapacitar y cambiar nuestro modelo. Por descontado, quienes se están aprovechando de la situación no querrán que cambie nada. Pero otros muchos sí podemos influir para que eso ocurra. Y este sería mi mensaje más positivo: entrar en una crisis extraordinaria, aprender una lección muy importante y salir de ella con una mente más fuerte y el valor para reconducir el camino de la humanidad hacia otro sendero.