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Miembros del EIA participan en la identificación de los restos de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno.

El pasado 20 de julio la prestigiosa revista PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, publicó un artículo donde los autores Antonis Bartsiokas (Democritus University of Thrace, de Komotini, Grecia), Juan Luis Arsuaga, Milagros Algaba, Elena Santos y Asier Gómez-Olivencia (del Equipo de Investigación de Atapuerca) proponen que los restos humanos hallados en la Tumba 1 del Gran Túmulo de la Ciudad griega de Vergina pertenecen al rey Filipo II de Macedonia, a su esposa Cleopatra y a un hijo de ambos recién nacido.

Filipo II reinó en Macedonia desde el 359 a. C. hasta que uno de sus guardias le asesinó en la boda de su hija, en el 336 a. C. Durante su gobierno consiguió unificar Grecia, y sus hazañas militares, políticas y diplomáticas allanaron el camino a su hijo Alejandro Magno.

Los autores de este artículo afirman que han localizado los restos de Filipo II en el yacimiento arqueológico de Egas, uno de los más ricos e importantes del mundo, donde está enterrada gran parte de la aristocracia y nobleza de la antigua Macedonia. En la Tumba 1 de este yacimiento han hallado restos humanos de tres individuos. Uno de los esqueletos pertenece a un hombre de unos 45 años de edad. Lo más significativo de estos restos es que los huesos que articulan su rodilla izquierda (fémur y tibia) están soldados y hay un orificio provocado por una herida penetrante que atraviesa la rodilla, lo que evidencia que este individuo padecía cojera. Este es uno de los argumentos clave que han señalado los investigadores para identificar estos restos como los del rey Filipo II, de quien se sabe por fuentes históricas que sufrió una gran herida de lanza en una pierna durante una batalla, tres años antes de su muerte, que le dejó cojo. Esta misma tumba también contenía los restos de una mujer joven, de unos 18 años de edad, y los de un bebe recién nacido, que han sido identificados como la mujer de Filipo II, Cleopatra, y el hijo de ambos, de apenas unos días de vida. Ambos fueron asesinados poco después que Filipo II.

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