Gran Dolina (TD3 y TD4)


A lo largo de la campaña de 2026 se han producido avances significativos en la excavación de los niveles TD3 y TD4 de Gran Dolina, los primeros niveles fértiles de la secuencia estratigráfica de este importante yacimiento.

Los trabajos realizados han proporcionado nuevas evidencias para reconstruir la historia geológica y paleoambiental de la cavidad. Tras un episodio de colapso de grandes bloques procedentes del techo y de las paredes, la cueva habría quedado parcialmente anegada. Estos bloques fueron posteriormente recubiertos por una capa estalagmítica con precipitaciones de tipo coraloide, características de ambientes subacuáticos.

Con la posterior apertura de la cavidad al exterior, el espacio habría desempeñado distintas funciones. Por una parte, pudo actuar como una trampa natural en la que algunos animales cayeron y quedaron atrapados en pozas y charcas, proceso relacionado con la formación del nivel TD3. Por otra, determinados sectores de la cavidad fueron utilizados como lugar de hibernación por los osos.

En los niveles TD3 y TD4 se han recuperado restos de grandes mamíferos que habitaron la sierra de Atapuerca hace cerca de un millón de años. El conjunto constituye un testimonio de la elevada diversidad faunística existente en este entorno durante el Pleistoceno inferior.

Entre los hallazgos destacan nuevamente los restos de oso, correspondientes tanto a individuos infantiles y juveniles como a ejemplares seniles que probablemente no sobrevivieron a los periodos de hibernación. Estos fósiles continúan aportando información sobre Ursus dolinensis, una especie descrita en Atapuerca y considerada próxima al origen del linaje de los osos de las cavernas.

Esta hipótesis filogenética se ha visto reforzada, precisamente, durante la campaña de 2026, coincidiendo con la publicación del estudio paleoproteómico del linaje de los osos de las cavernas en la revista Scientific Reports.

Las evidencias de la presencia recurrente de osos no se limitan a los restos fósiles. En las paredes de la cavidad se conservan marcas producidas por sus garras, compatibles con el uso del espacio como lugar de hibernación. A estas se suma uno de los hallazgos más singulares de la campaña: una formación estalagmítica que conserva marcas de arañazos atribuidas a un oso.