Una herida mortal en un neandertal puede ser la evidencia más antigua del uso letal de una lanza de madera


Por Cenieh

Lucía López Polín, Nohemi Sala y Ana Pantoja, miembros del Equipo Investigador de Atapuerca en el IPHES y el CENIEH, participan en un estudio que sugiere que una perforación circular en la escápula de un neandertal de hace 75.000 años, hallado en Oriente Próximo, pudo ser causada por una lanza de madera, y que la grave lesión facial sufrida al menos un año antes de su muerte apunta a que recibió cuidados

Un orificio circular en la escápula de un neandertal cuyos restos parciales fueron hallados en una cueva del Kurdistán iraquí podría constituir el ejemplo más antiguo conocido de violencia interpersonal mortal mediante una lanza de madera en el registro fósil de los homininos. según un estudio que se acaba de publicar en la revista Scientific Reports.

La escápula del neandertal se ha conservado casi intacta durante unos 75.000 años enterrada bajo siete metros y medio de rocas y sedimentos. Intacta, salvo por una perforación circular de 15 milímetros de diámetro que, según los arqueólogos de Cambridge que dirigieron la excavación, fue causada por una lanza de madera afilada, ya que una punta de sílex o de otra piedra habría dejado un orificio aplanado o anguloso.

“Es extraordinario encontrar una escápula de hace 75.000 años tan bien conservada. Son huesos tan finos que a menudo ni siquiera se recuperan escápulas completas en enterramientos actuales”, explica Emma Pomeroy, autora principal del estudio e investigadora del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge. “Pudimos extraerla de una sola pieza, pese a estar enterrada bajo casi ocho metros de roca y sedimentos”, añade.

Los restos, denominados Shanidar A por la conocida cueva en la que fueron descubiertos, son objeto de este estudio internacional en el que han participado Nohemi Sala y Ana Pantoja, científicas del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), en Burgos, llevando a cabo el análisis tafonómico de los restos óseos, incluido parte del estudio de la lesión de la escápula, apoyándose en imágenes de microtomografía computarizada (micro-TC).

“Cuando estudiamos una lesión en un fósil de esta antigüedad, uno de los principales retos es distinguir los traumatismos que sufrió el individuo de las alteraciones que el hueso pudo experimentar después de su muerte. En el caso de Shanidar A, el análisis tafonómico de la superficie ósea y de las características de las fracturas aporta evidencias de que la perforación se produjo en torno al momento del fallecimiento, y no como consecuencia de procesos posteriores", explica Nohemi Sala.

Uso de lanzas de madera

Debido a la descomposición, muy pocos objetos de madera han llegado hasta nuestros días desde épocas tan remotas de la prehistoria. A finales de la década de 1990 se hallaron en Schöningen (Alemania) varias lanzas conservadas en sedimentos saturados de agua, con una antigüedad de unos 200.000 años, cuando los primeros neandertales habitaban Europa.

La lanza de madera de sección circular más antigua conocida tiene más de 400.000 años. Su extremo puntiagudo, la única parte conservada, fue hallado en 1911 en Clacton-on-Sea, en la costa británica. Los investigadores consideran que un arma de características similares podría haber causado la muerte de Shanidar A.

“Las perforaciones que dejan las réplicas de las lanzas de Schöningen encajan muy bien con la que encontramos en la escápula del neandertal”, señala Pomeroy, miembro del Newnham College de Cambridge. “Esa tecnología tan antigua es perfectamente capaz de causar una lesión así”, afirma.

Los indicios disponibles sugieren que los neandertales y sus antepasados desarrollaron habilidades para trabajar la madera y fabricar armas muchos miles de años antes de la muerte de Shanidar A. Estas capacidades podrían haber estado presentes en todo el territorio ocupado por los neandertales, desde Gales hasta Siberia.

Indicios de violencia intencionada

La muerte de Shanidar A también pudo deberse a un accidente de caza. “Es posible que animales como los mamuts se cazaran de cerca con lanzas de acometida, de modo que resulta fácil imaginar que se produjeran heridas mortales”, señala Pomeroy. Sin embargo, la investigadora considera que existen indicios de violencia intencionada, ya que “la posición de la herida y la fuerza necesaria para atravesar por completo el cuerpo del neandertal presentan las características de un golpe dirigido deliberadamente al corazón con intención de matar”.

No es posible conocer el contexto en el que se produjo la violencia ni determinar si pudieron estar implicados humanos modernos, aunque los arqueólogos consideran que la explicación más sencilla sería un episodio de violencia interpersonal entre neandertales.

“Lo único que podemos saber sobre el final de la vida de este neandertal es que fue violento y que se produjo por el impacto de una lanza de madera”, afirma Graeme Barker, profesor del St John’s College de Cambridge y director de las excavaciones de la cueva de Shanidar.

Un diente fracturado e indicios de cuidados

La escápula se excavó junto a una mano derecha casi completa, dos costillas izquierdas, un fragmento de costilla derecha y siete dientes. Estos son todos los restos conservados de un neandertal adulto que, según las estimaciones, tenía unos 45 años cuando murió de forma violenta.

Uno de los dientes, un incisivo situado en la parte anterior de la mandíbula, se había partido longitudinalmente y solo conservaba una mitad, mientras que los dientes vecinos estaban girados hacia el interior. La mitad conservada del diente tenía una considerable acumulación de sarro a lo largo del conducto radicular expuesto, lo que indica que permaneció en la boca durante algún tiempo después de lo que, según los científicos, debió de ser un traumatismo grave por un golpe contundente en la parte frontal de la cara.

“Sobrevivir a un golpe capaz de partir un diente de esta manera y seguir viviendo y alimentándose durante al menos un año, quizá más, habría requerido cuidados y apoyo de otros neandertales”, explica Pomeroy., quien considera que es posible que recibiera alimentos blandos tras la lesión inicial.

Los restos de Shanidar A reflejan esa doble naturaleza de buena parte de lo que reconocemos como humano. “Por un lado, tenemos pruebas de un final terriblemente violento. Por otro, está claro que fue un individuo que recibió cuidados durante su vida”, comenta Pomeroy.

Comportamiento funerario

La enorme cueva de Shanidar, situada al pie de las montañas del Kurdistán iraquí, es uno de los yacimientos neandertales más conocidos del mundo. Las excavaciones dirigidas por Ralph Solecki en la década de 1950 permitieron identificar diez individuos, entre ellos un “conjunto” de cuatro encontrados en el mismo lugar, pese a haber muerto en momentos diferentes, lo que sugiere que los neandertales regresaban a ese espacio para enterrar a sus muertos.

Los restos de otro neandertal hallado en una zona distinta de la cueva, que vivió miles de años después, mostraban indicios de parálisis en un brazo, artritis, sordera y ceguera parcial. Sin embargo, alcanzó una edad avanzada, por lo que debió de recibir cuidados.

Shanidar A fue descubierto en 2020 y es uno de los otros tres neandertales hallados en el conjunto funerario por el equipo dirigido desde Cambridge desde 2015. Su identificación eleva a cinco el número de individuos del grupo (cuatro adultos y un bebé), concentrados en una zona de la cueva de apenas 1,5 metros de largo por un metro de ancho y un metro de profundidad.

El lugar se encuentra justo detrás de una gran roca vertical, que habría sido una “referencia destacada” en el paisaje de la cueva, y los restos están separados por finas capas de sedimento. Shanidar A es el individuo encontrado a mayor profundidad en el conjunto y posiblemente el primero depositado allí, colocado boca arriba y con la cabeza orientada hacia el este, igual que el cuerpo situado inmediatamente encima.

“La explicación más plausible es un comportamiento funerario intencional y simbólico”, señala Pomeroy. “Estos neandertales regresaban al mismo lugar para depositar a sus muertos. Algunos cuerpos se colocaron allí antes de que el anterior se hubiera descompuesto por completo, de modo que esto sucedía en un intervalo de años o décadas”.

En conjunto, los hallazgos de Shanidar A ponen de manifiesto el valor de combinar el análisis de las lesiones óseas con el estudio del contexto arqueológico. Aunque las circunstancias exactas de su muerte siguen siendo desconocidas, sus restos aportan nuevas claves para comprender la complejidad del comportamiento neandertal, desde la violencia y los cuidados entre individuos hasta las prácticas funerarias de estas poblaciones hace 75.000 años.