Cajaviva y Fundación Caja Rural Burgos renuevan su compromiso con jóvenes investigadoras de la Fundación Atapuerca


Por cuarto año consecutivo, Cajaviva y Fundación Caja Rural Burgos apoyan el trabajo de la investigadora Raquel Blázquez. Esta ayuda, dirigida a jóvenes investigadores e investigadoras, permitirá dar continuidad al estudio sobre los cambios sufridos en las mandíbulas de los perros desde el Calcolítico hasta la Edad del Bronce, a partir de restos encontrados en diferentes yacimientos de la península ibérica, entre ellos los de la sierra de Atapuerca.

Uno de los procesos que más interés genera a la comunidad científica es la domesticación de especies animales como el lobo hasta llegar al perro doméstico. El estudio de los cambios en la morfología de estos cánidos tiene una doble vertiente: por un lado, arroja luz sobre la convivencia de estos animales en el día a día de los primeros homínidos y por otro, secuencian cómo ha sido la evolución del perro doméstico actual y los cambios tan rápidos que han sufrido desde sus antepasados salvajes.

En este contexto, la investigación también se ha acercado a algunos de los representantes más antiguos del linaje de los cánidos. Es el caso de Canis mosbachensis, un cánido antepasado del lobo actual que habitó la sierra de Atapuerca entre hace 1,2 millones y 400 000 años. El estudio de 106 restos fósiles, principalmente dientes y algunos fragmentos de mandíbulas procedentes de los niveles del Pleistoceno inferior de Sima del Elefante y Gran Dolina, así como del Pleistoceno medio de Gran Dolina, ha permitido conocer mejor cómo eran estos animales y cómo fueron cambiando a lo largo del tiempo.

Los resultados muestran que Canis mosbachensis mantuvo un tamaño relativamente estable y era más pequeño que los lobos modernos. Los ejemplares más antiguos presentan una dentición más primitiva, asociada a una dieta muy flexible, que no solo incluía carne, sino también otros recursos como frutos o insectos. En cambio, los fósiles más recientes, procedentes del nivel TD10 de Gran Dolina, muestran una tendencia hacia un mayor tamaño y cambios en la forma de la muela carnicera, una pieza clave en la alimentación de los carnívoros. Estas modificaciones sugieren una mayor especialización en el consumo de carne y sitúan a estos ejemplares como una posible etapa intermedia en la evolución entre Canis mosbachensis y el lobo actual, Canis lupus.

Estos resultados permiten reconstruir, a partir de pequeños restos dentales, una parte muy antigua de la historia evolutiva de los cánidos y entender mejor cómo fueron cambiando sus mandíbulas, su alimentación y su adaptación a los ecosistemas mucho antes de la aparición del perro doméstico. El trabajo sobre Canis mosbachensis ha sido publicado en la revista The Anatomical Record.

Mediante técnicas punteras como la Morfometría Geométrica, Raquel Blázquez, beneficiaria de la “Ayuda a la Investigación Cajaviva Fundación Caja Rural Burgos, de la Fundación Atapuerca”, ha conseguido documentar diferencias entre los restos de mandíbulas de cánidos encontrados en los yacimientos de El Portalón de Cueva Mayor, en Atapuerca, y el madrileño de Barrio del Castillo, en comparación con muestras modernas de lobos, perros y zorros.

La investigación de doctorado de Raquel Blázquez ha sido muy fructífera en cuanto a resultados. En la campaña anterior destacaba el papel de estos perros como animales de trabajo vinculados a actividades de pastoreo, caza y vigilancia de rebaños. Además, daba un paso más al apoyar la idea de que las poblaciones del interior de la Península presentaban una menor diversidad que las documentadas en yacimientos de zonas costeras, al menos en tamaño. Esta diferencia podría explicarse por la influencia de la actividad comercial en las áreas litorales, donde habría existido una mayor diversidad de perros.

Otra de las líneas de trabajo abiertas por Blázquez es concretar el momento en el que lobos y perros comienzan a distinguirse, no solo por la disminución de la talla, sino también por la morfología dental, muy similar ya a la de los perros actuales.

Algunas de las conclusiones de este trabajo han sido publicadas en la edición digital de la prestigiosa revista Journal of Archaeological Science: Reports.

Cajaviva y Fundación Caja Rural otorgan estas ayudas valoradas en 14 000 euros, con el objetivo de dar a conocer el trabajo que realizan jóvenes investigadores e investigadoras de doctorado y posdoctorales vinculados a la Fundación Atapuerca. En esta ocasión se ha querido dar continuidad a la prometedora línea de investigación de Raquel Blázquez, tutelada por Nuria García, miembro del Equipo Investigador de Atapuerca.